MILAGROS

¿QUÉ SON LOS MILAGROS? ¿PUEDEN SUCEDER HOY?

EXPLICACIÓN Y BASE BÍBLICA
Cualquier consideración del tema de los milagros se conecta estrechamente con la providencia de Dios, tema que fue tratado en el capítulo previo. Allí argumentamos que Dios ejerce un control extensivo, continuo y soberano sobre todos los aspectos de su creación. Este capítulo dará por sentado una comprensión de esa consideración de la providencia y se fundará sobre ella para abordar el asunto de los milagros.

A. DEFINICIÓN

Podemos definir un milagro como sigue: Un milagro es una actividad de Dios de tipo menos común en el cual él despierta el asombro y sorpresa de las personas, y da testimonio de sí mismo.1 Esta definición toma en cuenta lo que entendimos antes sobre la providencia de Dios mediante la cual Dios preserva, controla y gobierna todas las cosas. Si entendemos la providencia de esta manera, naturalmente evitaremos algunas explicaciones o definiciones comunes de milagros.
Por ejemplo, una definición de milagro es «una intervención directa de Dios en el mundo». Pero esta definición da por sentado una noción deísta de las relaciones de Dios con el mundo, en el cual el mundo continúa por cuenta propia y Dios interviene en él sólo ocasionalmente. Este, por cierto, no es el punto de vista bíblico, de acuerdo al cual Dios hace que la lluvia caiga (Mt 5: 45), hace que la hierba crezca (Sal 104: 14) y continuamente sustenta toda las cosas con la palabra de su poder (Heb 1: 3).
Otra definición de milagro es «una actividad más directa de Dios en el mundo». Pero hablar de una obra «más directa» de Dios sugiere que su actividad providencial ordinaria de alguna manera no es «directa» y de nuevo da indicios de cierto alejamiento deísta de Dios de su mundo. Otra definición es «Dios obrando en el mundo sin el uso de medios para producir los resultados que desea».
Sin embargo hablar de que Dios obra «sin medios» nos deja con muy pocos, si acaso alguno, milagros en la Biblia, porque es difícil pensar en un milagro que se haya producido absolutamente sin ningún medio; en la curación de las personas, por ejemplo, algunas de las propiedades físicas del cuerpo del enfermo sin duda intervinieron como parte de la curación. Cuando Jesús multiplicó los panes y los pescados, por lo menos usó los cinco panes y dos pescados originales que tenían. Cuando cambió el agua en vino, usó agua y la convirtió en vino. Esta definición, pues, parece inadecuada.
Otra definición de milagro es «una excepción a una ley natural» o «Dios actuando
en forma contraria a las leyes de la naturaleza». Pero la frase «leyes de la naturaleza » en el entendimiento popular implica que hay ciertas cualidades inherentes en las cosas que existen, «leyes de la naturaleza» que operan independientemente de Dios, y que Dios debe intervenir o «romper» estas leyes para que ocurra un milagro.
De nuevo, esta definición no toma debidamente en cuenta la enseñanza bíblica sobre la providencia.
Otra definición de milagro es «un hecho imposible de explicar por causas naturales ». Esta definición es inadecuada porque;
(1) No incluye a Dios como el que produce el milagro;
(2) Da por sentado que Dios no usa algunas causas naturales cuando obra de una manera inusual o sorprendente, y por lo tanto da por sentado de nuevo que Dios sólo interviene ocasionalmente en el mundo; y;
(3) resultará en una minimización significativa de los milagros genuinos y un aumento del escepticismo, puesto que muchas veces cuando Dios obra en respuesta a la oración el resultado es asombroso para los que oraron pero no es absolutamente imposible de explicar mediante causas naturales, especialmente para el escéptico que simplemente rehúsa ver la mano de Dios en acción.
Por consiguiente, la definición original origina que se dio previamente, en la que un milagro es sencillamente una manera menos común de Dios obrar en el mundo, parece ser preferible y más de acuerdo con la doctrina bíblica de la providencia de Dios. Esta definición no dice que un milagro es una clase diferente de obra de parte de Dios, sino que es una manera menos común de Dios de obrar y que lo hace así para despertar la sorpresa, el asombro o la admiración de las personas de tal manera que Dios da testimonio de sí mismo.
La terminología bíblica con referencia a los milagros frecuentemente apunta a esta idea del poder de Dios en acción para despertar el asombro y admiración de los seres humanos. Se emplean primordialmente tres conjuntos de términos:
(1) «Señales» (heb. ot; gr. semeion), que significa algo que apunta a otra cosa o la indica, especialmente (con referencia a los milagros) la actividad y poder de Dios;
(2) «Maravillas» (heb. mopet; gr. teras), que es algo que hace que las personas se asombren o se aturdan; y
(3) «Milagros» o «prodigios» (heb. geburah; gr. dunamis,) demostración de gran poder, especialmente (con referencia a los milagros) poder divino.
A menudo «señales milagrosas y prodigios» se usa como expresión regular para referirse a los milagros (Éx 7:3; Dt 6:22; Sal 135:9; Hch 4:30; 5:12; Ro 15:19; et al.), y a veces los tres términos se combinan: «milagros, señales y prodigios» (Hch 2: 22) o «señales, prodigios y milagros» (2ª Co 12:12; Heb 2: 4).
NOTA: Sin embargo, si alguien definiera un milagro como una obra de Dios aparte del uso ordinarios de medios, para despertar el asombro y sorpresa de las personas, esto sería similar en fuerza a la definición que propuse arriba y sería consistente con la enseñanza bíblica sobre la providencia de Dios (vea L. Berkhof, Systematic Theology, pp. 176-77).
Si la frase «ley natural» la entienden los cristianos simplemente para referirse a los patrones previsibles de conducta que Dios da y mantiene en cada cosa creada, entonces esta definición es menos objetable porque conscientemente toma en cuenta la providencia de Dios. Pero la frase "ley natural» por lo general no se la entiende de esa manera en el inglés de hoy.
EI verbo ztaumazo, "admirarse, asombrarse», frecuentemente se usa en los Evangelios para describir la reacción de las personas a los milagros.
Vea la extensiva consideración del vocabulario del Nuevo Testamento para milagros en W. Mund1e, O. Hofius, y C. Brown, «Miracle, Wonder, Sign», NIDNTT, 2: 620-35.
Además de los significados de los términos que se usan para denotar milagros, otra razón que respalda esta definición es el hecho de que los milagros en la Biblia en efecto despiertan el asombro y admiración de las personas, e indican que el poder de Dios está actuando. La Biblia frecuentemente nos dice que Dios mismo es el que realiza «milagros» o «cosas maravillosas». Salmo 136:4 dice que Dios es el «único que hace grandes maravillas» (Sal 72: 18).
El canto de Moisés declara:
¿Quién, Señor, Se Te Compara Entre Los Dioses? ¿Quién Se Te Compara En Grandeza Y Santidad?
Tú, Hacedor De Maravillas, Nos Impresionas Con Tus Portentos (Éx 15: 11).
Por tanto, las señales milagrosas que Moisés hizo cuando su vara se convirtió en una culebra y de nuevo en vara, o cuando su mano se volvió leprosa y después quedó limpia de nuevo (Éx 4: 2-8), fueron dadas para que Moisés pudiera demostrar al pueblo de Israel que Dios le había enviado.
De manera similar, las señales milagrosas que Dios hizo por mano de Moisés y Aarón mediante las plagas, muy superiores a los falsos milagros o señales de imitación hechas por los magos de la corte del faraón (Éx 7: 12; 8: 18-19; 9:11), mostraron que los del pueblo de Israel eran los que adoraban al único Dios verdadero. Cuando Elías se enfrentó a los sacerdotes de Baal en el monte Carmelo (1ª R 18: 17-40), el fuego del cielo demostró que el Señor era el único Dios verdadero.
Si aceptamos la definición de que un milagro es «una actividad de Dios de clase menos común en la que él despierta el asombro y admiración de las personas y da testimonio de sí mismo», podemos preguntar qué clase de cosas se deben considerar milagros. Por supuesto, tenemos razón al considerar la encarnación de Jesús como Dios-hombre y la resurrección de Jesús de los muertos como el milagro más central y más importante de toda la historia. Los acontecimientos del éxodo como la división del Mar Rojo y la caída de Jericó fueron milagros impresionantes.
Cuando Jesús sanó personas y limpió leprosos y echó fuera demonios, esos ciertamente fueron también milagros (vea Mt 11: 4-5; Lc 4: 36-41; Jn 2: 23; 4: 54; 6: 2; 20: 30-31).
Pero ¿podemos considerar las respuestas inusuales a la oración como milagros?
Aparentemente sí, si son tan impresionantes que despiertan el asombro y admiración de las personas y hacen que reconozcan el poder de Dios en acción; la respuesta a la oración de Elías de que Dios enviara fuego del cielo fue un milagro (1ª R 18: 24, 36-38), así como la respuesta a sus oraciones de que el hijo muerto de la viuda volviera a la vida (1ª R 17: 21), o que la lluvia dejara de caer y después volviera a caer (1ª R 17: 1; 18: 41-45 con Stg 5: 17-18).
En el Nuevo Testamento, la liberación de Pedro de la cárcel en respuesta a las oraciones de la iglesia fue ciertamente un milagro (Hch 12: 5-17; note también la oración de Pablo por el padre de Publio en Hch 28: 8).
Pero debe haber habido muchos milagros no tan dramáticos como esos, porque Jesús sanó a muchos cientos de personas, «todos los que padecían de diversas enfermedades» (Lc 4: 40). Pablo sanó a «los demás enfermos de la isla» (Hch 28: 9).
Por otro lado, los cristianos ven respuestas a la oración todos los días, y no debemos diluir nuestra definición de milagro tanto que a toda respuesta a la oración se le llame milagro. Pero cuando una respuesta a la oración es tan asombrosa que los involucrados en ella quedan asombrados y reconocen el poder de Dios en acción de una manera inusual, entonces parece apropiado llamarlo un milagro.6 Esto encaja bien con nuestra definición y parece respaldada por la evidencia bíblica de que a las obras de Dios que despertaron el asombro y admiración de las personas se les llamó milagros (gr. dunamisf
Pero sea que adoptemos una definición amplia o estrecha de milagro, todos, convendríamos en que si Dios realmente obra en respuesta a nuestras oraciones, sea de maneras comunes o no comunes, es importante que reconozcamos esto y le demos gracias, y que no lo pasemos por alto ni vayamos a extremos para concebir posibles «causas naturales» para explicar y descartar lo que Dios en efecto ha hecho en respuesta a la oración. Aunque debemos ser cuidadosos de no exagerar al informar los detalles de la respuestas a la oración, también debemos evitar el error opuesto de no glorificar y agradecer a Dios por lo que él ha hecho.

B. LOS MILAGROS COMO CARACTERÍSTICAS DE LA EDAD DEL NUEVO PACTO

En el Nuevo Testamento, las señales milagrosas de Jesús atestiguaban que él había venido de Dios; Nicodemo reconoció: «Nadie podría hacer las señales que tú haces si Dios no estuviera con él» Gn 3: 2). El hecho de que Jesús cambió el agua en vino fue una «señal» que «reveló su gloria, y sus discípulos creyeron en él» Gn 2: 11).
De acuerdo a Pedro, Jesús fue «un hombre acreditado por Dios ante ustedes con milagros, señales y prodigios, los cuales realizó Dios entre ustedes por medio de él» (Hch 2: 22).
Luego, en la iglesia primitiva, los apóstoles y otros que predicaban el evangelio realizaron milagros que asombraron a las personas y dieron confirmación del evangelio que se estaba predicando (Hch 2: 43; 3: 6-10; 4: 30; 8: 6-8, 13; 9:40-42;). Incluso en iglesias donde no había apóstoles presentes ocurrieron milagros.
Por ejemplo, Pablo, al escribir a varias iglesias en la región de Galacia (vea Gá 1: 1), da por sentado esto cuando pregunta: «Al darles Dios su Espíritu y hacer milagros entre ustedes, ¿lo hace por las obras que demanda la ley o por la fe con que han aceptado el mensaje?» (Gá 3:5). De modo similar, menciona en la iglesia de Corinto «los que hacen milagros» (1ª Co 12:28) y menciona «poderes milagrosos» (1ª Co 12:10) como un don distribuido por el Espíritu Santo.
Estos dos versículos son especialmente significativos porque 1 Corintios 12:4-31 no está considerando una situación específica en Corinto sino la naturaleza de la iglesia en general como «cuerpo de Cristo» con muchos miembros y sin embargo un solo cuerpo.
Es más, parece ser característica de la iglesia del Nuevo Testamento que se producían milagros: En el Antiguo Testamento los milagros parecían ocurrir primordialmente en conexión con un líder prominente por un tiempo, tal como Moisés, Elías o Elíseo. En el Nuevo Testamento hay un súbito aumento sin precedentes en los milagros cuando Jesús empieza su ministerio (Lc 4: 36-37,40-41).
Sin embargo, contrario al patrón del Antiguo Testamento, la autoridad para obrar milagros y echar fuera demonios no estuvo confinada sólo a Jesús mismo, ni tampoco terminaron los milagros cuando Jesús volvió al cielo. Incluso durante su ministerio, Jesús dio la autoridad para sanar los enfermos y echar fuera demonios no sólo a los doce, sino también a setenta de los discípulos (Lc 10: 1, 9, 17-19; Mt 10: 8; Lc 9: 49-50).
Todavía más, los pasajes anotados arriba de 1ª Corintios y Gálatas indican que la realización de milagros no estuvo confinada a los setenta discípulos, sino que fue característica de las iglesias de Galacia y de las iglesias del Nuevo Testamento en general. Esto sugiere que la realización de milagros es una característica de la iglesia del Nuevo Testamento y se puede ver como una indicación de la poderosa nueva obra del Espíritu Santo que empezó en Pentecostés y se puede esperar que continúe en toda la era de la iglesia.
NOTA: Otros tal vez preferirían restringir más su definición de milagros, reservado el término (por ejemplo) para acontecimientos que absolutamente no podrían haber sucedido mediante medios ordinarios y que son ampliamente atestiguados y documentados por varios observadores imparciales. En ese caso, verán muchos menos milagros especialmente en una sociedad escéptica y anti sobrenatural. Pero tal definición tal vez no abarque toda las clases de cosas que Pablo tenía en mente cuando hablaba de milagros en las iglesias de Corinto (1ª Co 12: 10,28-29).
Y de Galacia (Gá 3: 5), y puede impedir que algunos reconozcan el don de milagros cuando es dado a los cristianos hoy. (Por supuesto, los cristianos que sostienen una definición tan restringida con todo de buen grado agradecerán a Dios por muchas respuestas a las oraciones que ellos no llamarían milagros).
Lo apropiado de tal definición no se pierde simplemente porque al mismo acontecimiento algunos lo llamen milagro, y otros digan que es un acontecimiento ordinario, porque la evaluación de las personas de un suceso variará dependiendo de su proximidad al suceso, las presuposiciones de su cosmovisión, y si son cristianos o no.
Note, por ejemplo, que Pablo dice que Dios ha dado en la iglesia, «en primer lugar, Apóstoles." (1ª Co 12:28).
Pero no había apóstoles dados específicamente a la iglesia de Corinto. Por consiguiente, este pasaje debe estar hablando de la iglesia en general.
B. Warfield, Counteifeit Miracles (Bannerof Truth, Edinburgh, 1972; primero publicado en 1918), nota que en la iglesia de Corinto los que tomaban parte en el culto ordinario de adoración en la iglesia pueden a menudo haber tenido un don milagroso para ejercen. Dice que «no hay razón para creer que la congregación infante en Corinto era singular en esto. El apóstol no escribe como si estuviera describiendo un estado maravilloso de asuntos peculiar a esa iglesia.
Los indicios del resto de sus cartas y en el Libro de Hechos nos requiere, en consecuencia, mirar a este hermoso cuadro de adoración cristiana como uno que sería verdad en la vida de cualquiera de las numerosas congregaciones que iniciaron los apóstoles a lo ancho y largo del mundo que visitaron y en donde predicaron.
Tenemos justificación para considerar característica de las iglesias apostólicas que tales dones milagrosos debían exhibirse en ellas. La excepción sería, no una iglesia con tales dones, sino una iglesia sin ellos" (pp. 4-5).
Warfield continúa: «Por todas partes la iglesia apostólica se caracterizó como siendo ella mismo un don de Dios, al exhibir la posesión del Espíritu en obras apropiadas del Espíritu: milagros de sanidad y milagros de poder, milagros de conocimiento sea en la forma de profecía o de discernimiento de espíritus, milagros del habla. Sea el don de lenguas o el don de interpretación. La iglesia apostólica era característicamente una iglesia que obraba milagros" (Counteifeit Miracles, p. 5).
Aunque yo concordaría con el análisis de Warfield de la evidencia del Nuevo Testamento en este asunto, hay ciertamente campo para discrepar con su punto subsecuente, y la principal contención de su libro, de que la iglesia después de la edad de los apóstoles experimentó la cesación de dones milagrosos, y que hoy no se deben esperar tales dones. Porque Dios los propuso sólo para confirmar el mensaje apostólico inicial durante el tiempo cuando los apóstoles todavía estaban vivos.
Vea más consideración de este asunto en el capítulo 52, abajo, sobre los dones espirituales y la cuestión del tiempo de cesación de algunos dones.

C. EL PROPÓSITO DE LOS MILAGROS

Uno de los propósitos de los milagros es ciertamente autenticar el mensaje del evangelio. Esto fue evidente en el ministerio de Jesús, cuando personas como Nicodemo reconocieron: «Sabemos que eres un maestro que ha venido de parte de Dios, porque nadie podría hacer las señales que tú haces si Dios no estuviera con él» (Jn 3: 2). También fue evidente conforme los que oyeron a Jesús proclamaban el evangelio, porque conforme predicaban, «Dios ratificó su testimonio acerca de ella con señales, prodigios, diversos milagros y dones distribuidos por el Espíritu Santo según su voluntad» (Heb 2: 4).
Si este propósito fue válido sólo cuando el evangelio se estaba predicando por primera vez (antes de que se escribiera el Nuevo Testamento), o si continúa vigente en toda la edad de la iglesia, depende de si pensamos que los milagros son confirmadores: ¿están confirmando sólo la absoluta veracidad de las palabras de la Biblia (como las mismas palabras de Dios), o los milagros tienen el propósito de confirmar la veracidad del evangelio en general, cada vez que se predica?
En otras palabras, ¿confirman los milagros lo que dice la Biblia o el evangelio? Como veremos abajo, los milagros no estuvieron limitados a los que escribieron la Biblia o hablaron con absoluta autoridad apostólica." Esto sugiere que se puede esperar que los milagros que ocurren para confirmación del evangelio continúen en toda la era de la iglesia.
Cuando ocurren los milagros, dan evidencia de que Dios verdaderamente está actuando y sirven entonces para el avance del evangelio; la samaritana proclamó en su ciudad: «Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho» (Jn 4: 29), y muchos de los samaritanos creyeron en Cristo. Esto fue frecuentemente cierto en el ministerio de Jesús, pero también fue cierto en la iglesia primitiva: cuando Felipe fue a una ciudad de Samaria.
Mucha Gente Se Reunía Y Todos Prestaban Atención A Su Mensaje. De Muchos Endemoniados Los Espíritus Malignos Salían Dando Alaridos, Y Un Gran Número De Paralíticos Y Cojos Quedaban Sanos. Y Aquella Ciudad Se Llenó De Alegría (Hch 8:6-8).
Cuando el paralítico Eneas fue curado, «todos los que vivían en Lida yen Sarón lo vieron, y se convirtieron al Señor (Hch 9: 35). Cuando Tabita fue revivificada de los muertos, «la noticia se difundió por todo Jope, y muchos creyeron en el Señor) (Hch 9: 42).
En el nuevo testamento:
Un segundo propósito de los milagros es dar testimonio del hecho de que el reino de Dios ha venido y ha empezado a expandir sus resultados benéficos en la vida de las personas, porque los resultados de los milagros de Jesús muestran las características del reino de Dios. Jesús dijo: «Si expulso a los demonios por medio del Espíritu de Dios, eso significa que el reino de Dios ha llegado a ustedes» (Mt 12: 28).
Su triunfo sobre las fuerzas destructoras de Satanás mostraba cómo era el reino de Dios. De esta manera, todo milagro de sanidad o liberación de opresión demoníaca promovía el reino de Dios y ayudó a Jesús a cumplir su ministerio, porque él vino con el Espíritu del Señor sobre él «para anunciar buenas nuevas a los pobres a proclamar libertad a los cautivos y dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos» (Lc 4: 18).
De modo similar, Jesús dio a sus discípulos «poder y autoridad para expulsar a todos los demonios y para sanar enfermedades. Entonces los envió a predicar el reino de Dios ya sanar a los enfermos» (Lc 9: 1-2). Les ordenó: «Dondequiera que vayan, prediquen este mensaje: "El reino de los cielos está cerca". Sanen a los enfermos, resuciten a los muertos, limpien de su enfermedad a los que tienen lepra, expulsen a los demonios» (Mt 10: 7-8; Mt 4: 23; 9: 35; Hch 8: 6-7, 13).
Un tercer propósito de los milagros es ayudar a los necesitados. Los dos ciegos cerca de Jericó clamaron: «Ten compasión de nosotros», y Jesús «se compadeció» y los sanó (Mt 20: 30,34). Cuando Jesús vio una gran multitud, «tuvo compasión de ellos y sanó a los que estaban enfermos» (Mt 14: 14; vea también Lc 7:13). Aquí los milagros dan evidencia de la compasión de Cristo hacia los necesitados.
Un cuarto propósito de los milagros, relacionado con el segundo, es eliminar obstáculos al ministerio de las personas. Tan pronto como Jesús hubo sanado a la suegra de Pedro, «ella se levantó y comenzó a servirle» (Mt 8: 15). Cuando Dios tuvo misericordia de Epafrodito y le restauró la salud (sea por medios milagrosos o no, Pablo lo atribuye a la misericordia de Dios, en Flp 2: 27), Epafrodito pudo entonces ministrar a Pablo y completar su función como mensajero volviendo a la iglesia de Filipos (Flp 2: 25-30).
Aunque el pasaje no dice explícitamente que Tabita (o Dorcas) volvió a emprender sus «buenas obras y en ayudar a los pobres» (Hch 9: 36) después de que el Señor por medio de Pedro la resucitó (Hch 9: 40-41), la mención de sus buenas obras y de los que daban testimonio del desprendimiento de ella por las necesidades de otros (Hch 9: 39), sugiere que ella volvió a retomar un ministerio similar de misericordia cuando la resucitaron. Relacionado con esta categoría estaría el hecho de que Pablo esperaba que las personas fueran edificadas cuando los dones milagrosos se pusieran en práctica en la iglesia (1ª Co 12: 7; 14: 4, 12,26).
Finalmente, un quinto propósito de los milagros (y uno al cual todos los demás contribuyen) es dar gloria a Dios. Después de que Jesús sanó a un paralítico la multitud «se llenó de temor, y glorificó a Dios por haber dado tal autoridad a los mortales» (Mt 9:8). De modo similar, Jesús dijo que el ciego de nacimiento estaba ciego «para que la obra de Dios se hiciera evidente en su vida» (Jn 9: 3).
NOTA: Los versículos que se acaban de citar muestran el valor positivo de los milagros para llevar las personas a la fe. Algunos tal vez objeten que cuando decimos que los milagros tienen valor para dar testimonio del evangelio, esto quiere decir que pensamos que el mensaje del evangelio en sí mismo es débil e incapaz de llevar las personas a la fe (vea especialmente James M. Boice, «A Better Way: The Power of Word and Spírit», en Michael Scott Horton, ed., Power Religion [Moody, Chicago, 1992J, pp. 119-36). Pero esta no es una objeción válida, porque Jesús y Pablo no razonaron de esa manera; ambos realizaron milagros en conjunción con su predicación del evangelio, y Jesús les ordenó a sus discípulos que hicieran lo mismo (Mt 10:7-8). Debemos recordar que es Dios mismo quien «dio testimonio» del evangelio «con señales, prodigios, diversos milagros y dones distribuidos por el Espíritu Santo según su voluntad» (Heb 2:4), y no podemos decir que él tiene una noción inapropiada del poder del mensaje del evangelio.
El Evangelio de Juan es especialmente instructivo para mostrar el valor de los milagros para animar las personas a creer en Cristo (veaJn2:11, 23; 3:2; 4: 53-54; 6:2,14; 7: 31; 9:16; 11:48; 12: 11; y, en resumen, 20: 30-31). Este énfasis positivo en Juan se destaca en contraste con la opinión de O. A. Carson en «The Purpose of Signs and Wonders in the New Testament», en Honon, Power Religión, pp. 100-101, en donde admite pero minimiza e1papel positivo de los milagros para llevar a las personas a la fe en el Evangelio de Juan. Sorprendentemente, no considera varios de los pasajes positivos en donde no existe tal evaluación negativa, tales como Jn 2: 23-25; 4:48; y 20:29-31. No debemos pensar que cuando los milagros acompañan al evangelio, los que creen tendrán una fe inferior (como sugiere Carson, p. 101), porque eso nos llevaría a decir que los que creyeron a la predicación de Jesús,
Pedro y Pablo tuvieron una fe inferior; ¡conclusión que difícilmente se promueve en el Nuevo Testamento!

D. ESTUVIERON LOS MILAGROS LIMITADOS A LOS APÓSTOLES?

1. UNA CONCENTRACIÓN INUSUAL DE MILAGROS EN EL MINISTERIO DE LOS APÓSTOLES.
Algunos han aducido que los milagros estuvieron limitados a los apóstoles, o a los apóstoles y a los que estuvieron estrechamente conectados con ellos. Antes de considerar los argumentos, es importante notar que hay algunas indicaciones de que una impresionante concentración de milagros fue característica de los apóstoles como representantes especiales de Cristo. Por ejemplo, Dios se complació en permitir que por medio de Pedro y Pablo se produjeran milagros extraordinarios.
En Los Días Más Tempranos De La Iglesia, Por Medio De Los Apóstoles Ocurrían Muchas Señales Y Prodigios Entre El Pueblo Y Seguía Aumentando El Número De Los Que Creían Y Aceptaban Al Señor. Era Talla Multitud De Hombres Y Mujeres, Que Hasta Sacaban A Los Enfermos A Las Plazas Y Los Ponían En Colchonetas Y Camillas Para Que, Al Pasar Pedro, Por Lo Menos Su Sombra Cayera Sobre Alguno De Ellos. También De Los Pueblos Vecinos A Jerusalén Acudían Multitudes Que Llevaban Personas Enfermas Y Atormentadas Por Espíritus Malignos, Y Todas Eran Sanadas (Hch 5: 12-16).
De modo similar, cuando Pablo estaba en Éfeso: «Dios hacía milagros extraordinarios por medio de Pablo, a tal grado que a los enfermos les llevaban pañuelos y delantales que habían tocado el cuerpo de Pablo, y quedaban sanos de sus enfermedades, y los espíritus malignos salían de ellos» (Hch 19: 11-12).
Otro ejemplo se halla en la resurrección de Tabita; cuando esta murió, los discípulos de Jope enviaron a buscar a Pedro para que fuera a orar por ella para que la levantara de entre los muertos (Hch 9:36-42), al parecer porque pensaban que Dios había dado una concentración inusual de poder milagroso a Pedro (o a los apóstoles en general).
Y el ministerio de Pablo generalmente se caracterizó por acontecimientos milagrosos, porque él resume su ministerio diciéndoles a los Romanos las cosas que Cristo había obrado por medio de él para ganar la obediencia de los gentiles «mediante poderosas señales y milagros, por el poder del Espíritu de Dios» (Ro 15: 19).
No obstante, la concentración inusual de milagros en los ministerios de los apóstoles ¡no prueba que otros no realizaron ningún milagro! Como hemos visto claramente, «poderes milagrosos» (1ª Co 12:10) y otros dones milagrosos (1ª Co 12: 4-11 menciona varios) fueron parte del funcionamiento ordinario de la iglesia en Corinto, y Pablo sabe que Dios «obra milagros» también en las iglesias de Galacia (Gá 3:5).
NOTA: En ningún caso se debe pensar de estos acontecimientos como algún tipo de «magia» que resultaba automáticamente debido a la sombra de Pedro o a los pañuelos que había tocado Pablo, sino más bien como una indicación del hecho de que el Espíritu Santo se agradó de dar un empoderamiento completo y asombroso al ministerio de estos hombres que en ocasión extendía su obra más allá de su presencia corporal individual incluso a las cosas que ellos habían tenido cerca o tocado.
La palabra verdadero en realidad no está en el texto griego, que sencillamente dice: «las señales de un apóstol». La LBLA (que se cita aquí) y otras versiones en español han añadido «verdadero para dar el sentido: Pablo está contrastando su ministerio con el de los falsos apóstoles.
2. ¿CUÁLES SON LAS «MARCAS DISTINTIVAS DE UN APÓSTOL?» EN 2ª CORINTIOS 12: 12?
¿Porqué, entonces, algunos aducen que los milagros fueron en forma singular las señales que distinguían a un apóstol? Se basan mayormente en 2ª Corintios 12: 12, en donde Pablo dice: «Entre vosotros se operaron las señales de un verdadero apóstol, con toda perseverancia, por medio de señales, prodigios, y milagros» (2ª Co 12: 12, LBLA). Dicen que esto implica que otros que no eran los apóstoles (o sus compañeros íntimos) no tenían esa autoridad o no podían realizar estas señales milagrosas.
 Además sostienen que los milagros cesaron cuando los apóstoles y sus asociados íntimos murieron. Por consiguiente, concluyen, que ya no se debe esperar más milagros hoy. (A los que sostienen esta posición a veces se les llama «cesacionistas», puesto que sostienen la «cesación» de milagros temprano en la historia del cristianismo).
Al considerar este asunto se debe recordar que un pasaje clave usado para establecer este punto, en donde Pablo habla de «las señales de un verdadero apóstol» en 2ª Corintios 12: 12, no está intentando demostrar que él es un apóstol a distinción de otros cristianos) que no eran apóstoles. Más bien está tratando de probar que él es un verdadero representante de Cristo a distinción de otros que «se disfrazan de apóstoles» (2ª Co 11: 13), representantes falsos de Cristo, siervos de Satanás que se disfrazaban de «servidores de la justicia» (2ª Co 11: 14-15).
En breve, el contraste no era entre apóstoles que realizaban milagros y creyentes ordinarios que no podían realizarlos, sino entre apóstoles cristianos genuinos por medio de los cuales el Espíritu Santo obraba e impostores que no eran cristianos y se decían apóstoles a través de los cuales el Espíritu Santo no obraba para nada. Por consiguiente, aun si entendemos que «las marcas distintivas de un apóstol» son los milagros, debemos reconocer que los que usan este pasaje para argumentar que hoy ya no se realizan milagros por medio de cristianos están tomando la frase «las marcas distintivas de un apóstol» fuera de su contexto y usándola de Una manera que no era la intención de Pablo. Pablo está distinguiéndose de los que no son cristianos, en tanto que ellos usan el pasaje para distinguir a Pablo de otros cristianos.
Es más, un examen más cuidadoso de 2ª Corintios 12: 12 muestra que es muy dudoso que la frase «marcas distintivas de un apóstol» en este pasaje quiera decir señales milagrosas. En este mismo versículo Pablo hace una distinción entre las «marcas distintivas de un apóstol» y los milagros, a los cuales llama «señales, prodigios y milagros», notando que los milagros se hacían junto con las señales de un apóstol: «Con todo, las señales de apóstol han sido hechas entre vosotros en toda paciencia, por señales, prodigios y milagros».
La última frase: «por señales, prodigios y milagros», junta tres términos que denotan milagros, y por consiguiente se debe referir a milagros (note «señales y prodigios» en Hch4: 30; 5: 12; 14: 3; 15: 12; Ro 15: 19; He 2. 4). Por consiguiente, la frase «marcas distintivas de un apóstol», se debe referir a algo diferente, algo que iba «acompañado por (hecho «por») señales y prodigios.
De hecho, aunque la palabra señal en el griego (semeion) a menudo se refería a milagros, tiene una variedad de significados mucho más amplia que simplemente milagro: semeion simplemente quiere decir «algo que indica o se refiere a algo diferente».'? En 2ª Corintios 12: 12, las «señales» de un apóstol se entienden mejor como todo lo que caracterizaba la misión apostólica de Pablo y que lo señalaban como un apóstol verdadero. No necesitamos adivinar cuales eran estas señales, porque en otros lugares de 2ª Corintios Pablo nos dice lo que lo caracterizaba como un apóstol verdadero:
NOTA: La gramática del texto griego nos obliga a esta distinción, puesto que «las marcas distintivas está en caso nominativo, en tanto que «señales, prodigios y milagros está en caso dativo, y por consiguiente, no puede ser simplemente una reafirmación de «marcas de un Apóstol» en aposición a ella; en el griego los sustantivos en aposición deben estar en el mismo caso. (La NVI ignora la gramática aquí y traduce las dos frases como si estuvieran en aposición: La RVR y LBLA son más precisas).
Se ha llamado «señales» a muchas cosas no milagrosas. Por ejemplo, la escritura del puño y letra de Pablo es su «señal» (2ª Ts 3: 17); la circuncisión es una «señal» de la justicia imputada a Abraham (Ro 4: 11); el beso de Judas es una «seña!» para los dirigentes Judíos (Mt 26: 48); el arco iris es Una «señal. Del pacto (Gn 9: 12); comer el pan sin levadura durante la Pascua cada año es una «señal» de la liberación del Señor (Éx 13: 9); el cordón de grana de Rahab es una «señal" que los espías le dijeron que colgara en su ventana (1 Clem. 12: 7).
1. Poder espiritual en el conflicto con el mal (10: 3-4,8-11; 13: 2-4, 10).
2. Celoso interés por el bienestar de las iglesias (11: 16).
3. Verdadero conocimiento de Jesús y su plan evangélico (11: 6).
4. Sostenimiento propio (desprendimiento) (11: 7-11).
5. No aprovecharse de las iglesias; y no maltratar físicamente a las personas (11: 20-21).
6. Soportar sufrimiento y adversidad por Cristo (11: 23-29).
7. Haber sido arrebatado al cielo (12: 1-6).
8. Contentamiento y fe para soportar una espina en el cuerpo (12: 7-9).
9. Obtener fuerza en la debilidad (12: 10).
El primer asunto podría haber incluido milagros, pero ciertamente ese no es el enfoque primordial de su referencia a las «marcas distintivas de un verdadero apóstol ».
Otra evidencia de que «las señales de un apóstol» en 2ª Corintios 12: 12 fueron todas estas cosas y no solo los milagros es el hecho de que Pablo dice: «Las señales de apóstol han sido hechas entre vosotros en toda paciencia» (RVR 1960). Ahora bien, tendría escaso sentido decir que los milagros se realizaron «en toda paciencia», porque muchos milagros sucedieron rápidamente, pero tendría mucho sentido decir que la paciencia de Pablo semejante a la de Cristo para soportar la adversidad por amor a los corintios se ejerció «en toda paciencia».
Debemos notar que en ninguna parte en esta lista Pablo afirma que los milagros demuestran su apostolado genuino. Es más, la mayoría de las cosas que menciona no lo distinguían de otros verdaderos cristianos. Pero estas cosas sí lo distinguen de los siervos de Satanás, apóstoles falsos que no tenían nada de cristianos.
NOTA: Entre los comentaristas modernos sobre 2 Corintios he hallado sólo tres que entienden las «señales de un verdadero Apóstol" en 2Co 12:12 como siendo los milagros: Colin Kruse, The Second Epistle of Paul to the Corinthians, TNTC (Inter-Varsity Press, Leicester y Eerdmans, Grand Rapids, 1987), p. 209; Jean Hering, The Second Epistle of Saint Paul to the Corinthians, trad. A. W. Heathcote y P.]. Allcock (Epworth, Londres, 1967), pp. 95-96; Y Murray Harris, «2ª Corinthians», EBC 10:398, lo toman de esa manera, pero ninguno de ellos da ningún argumento para sostener este punto de vista, y Harris nota que una noción altera fueron las vidas cambiadas de los corintios y el carácter de Pablo semejante a Cristo.
La mayoría de comentaristas entiende las «señales de un verdadero apósto¡" como teniendo un significado mucho más amplio, incluyendo las cualidades de la vida de Pablo y el carácter y resultados de su ministerio; vea Philip E. Hughes, Paul's Second Epistle to the Corinthians, NIC
Algunos de estos comentaristas entienden las «señales de un verdadero apóstol» como acompañada por milagros o incluyéndolos, pero ninguno entiende la frase refiriéndose primordial o exclusivamente a milagros.
La vida de estos no se caracterizaba por la humildad sino por el orgullo; no por el desprendimiento sino por el egoísmo; no por la generosidad sino por la codicia; no por tratar de buscar el provecho de otros sino por aprovecharse de los demás, no por poder espiritual en la debilidad fisica sino por la confianza en su fuerza natural; no por soportar sufrimiento y adversidad sino por procurar su propia comodidad y holganza.
Cuando Pablo actuaba de una manera cristiana entre ellos, sus acciones eran «señales» de que su afirmación de ser apóstol era una afirmación verdadera; por tanto, estas cosas eran (señales de un apóstol verdadero). En este contexto, las «señales» que caracterizaban a un verdadero apóstol no tienen que ser las señales que mostraban una diferencia absoluta entre él y los demás cristianos, sino cosas que mostraban que su ministerio era genuino, no como los ministerios falsos.
No les está diciendo a los corintios cómo distinguir entre un apóstol y otros cristianos (hizo eso en 1ª Co 9: 1-2; 15: 7-11; Gá 1: 1, 11-24, mencionando haber visto a Cristo resucitado y haber sido comisionado por Cristo como apóstol), sino que les está diciendo cómo reconocer lo que era un ministerio genuino y aprobado por Cristo.
¿Por qué entonces añade que todas estas señales de un verdadero apóstol se realizaron entre los corintios con «señales, prodigios y milagros»? Simplemente está añadiendo un factor adicional a todas las marcas anteriores de su apostolado genuino. Los milagros, por supuesto, tuvieron una función significativa al confirmar la verdad del mensaje de Pablo, y Pablo aquí hace explícito lo que los corintios podrían haber dado por sentado, o tal vez no, que estaba incluido en la frase «señales de un verdadero apóstol»; además de todas estas otras señales de un verdadero apóstol, su ministerio hacía demostraciones milagrosas del poder de Dios por igual.
Hay, sin embargo, otra razón muy significativa por la que los milagros no demostraban que alguien fuera apóstol. En el contexto mayor del Nuevo Testamento es claro que otros que no eran apóstoles también hicieron milagros, tales como por ejemplo Esteban (Hch 6: 8), Felipe (Hch 8: 6-7), cristianos en varias iglesias de Galacia (Gá 3: 5), y los que tenían dones de «milagros» en el cuerpo de Cristo en general (1ª Co 12: 10,28).
Los milagros como tales no se pueden considerar señales exclusivas de un apóstol. Es más a «los que hacen milagros» y a «los que sanan) en realidad se les distingue de los «apóstoles» en 1ª Corintios 12: 28: (En la iglesia Dios ha puesto, en primer lugar, apóstoles; en segundo lugar, profetas; en tercer lugar, maestros; luego los que hacen milagros; después los que tienen dones para sanar enfermos).
NOTA. Algunos intérpretes han dado por sentado que los falsos apóstoles estaban obrando milagros y aduciendo revelaciones de Dios, así que Pablo tendría que haber aducido milagros y revelaciones más grandes. Pero nada en 2ª Corintios dice que los falsos apóstoles aducían milagros o revelaciones.
El siguiente versículo también da confirmación de esta interpretación: Pablo dice: «¿En qué fueron ustedes inferiores a las demás iglesias? ...» (2Co 12: 13). El hecho de que a ellos no les faltaba nada en cuanto al cuidado y atención de Pablo les demostraría que las «señales de un verdadero apóstol fueron realizadas entre ellos solo si estas «señales» incluían todo el ministerio de Pablo para ellos, pero no si las «señales de un verdadero apóstol» eran simplemente milagros.
Evidencia similar se ve en Marcos 16: 17-18; aunque hay serias dudas en cuanto a la autenticidad este pasaje como parte del Evangelio de Marcos, 2 el texto con todo es muy antiguo y por lo menos da testimonio de una hebra de tradición dentro de la iglesia primitiva. Este texto informa que Jesús dijo:
Estas Señales Acompañarán A Los Que Crean: En Mi Nombre Expulsarán Demonios; Hablarán En Nuevas Lenguas; Tomarán En Sus Manos Serpientes; Y Cuando Beban Algo Venenoso, No Les Hará Daño Alguno; Pondrán Las Manos Sobre Los Enfermos, Y Éstos Recobrarán La Salud.
Aquí también se da por sentado que el poder de obrar milagros es posesión común de los cristianos. Los que escribieron y pasaron esta tradición temprana, tradición que pensaba que representaba la genuina enseñanza de Jesús, ciertamente no sabían nada de que los milagros estuvieran limitados a los apóstoles y sus asociados más íntimos.
Al argumento de que muchos otros cristianos en el Nuevo Testamento hicieron milagros a veces se responde que sólo los apóstoles y los que estuvieron íntimamente asociados con ellos, o aquellos sobre quienes los apóstoles impusieron las manos, podían hacer milagros. Sin embargo, esto en realidad prueba muy poco porque la historia del Nuevo Testamento es el relato de lo que fue hecho por medio de los apóstoles y los íntimamente asociados con ellos.
Un argumento similar se podría hacer en cuanto a la evangelización o la fundación de iglesias: «En el Nuevo Testamento sólo los apóstoles o sus asociados íntimos fundaron iglesias; por consiguiente, nosotros no debemos fundar iglesias hoy»; o «En el Nuevo Testamento sólo los apóstoles o sus asociados íntimos realizaron la obra misionera en otros países, por consiguiente no debemos hacer obra misionera en otros países hoy». Estas analogías muestran lo inadecuado del argumento; el Nuevo Testamento primordialmente muestra cómo la iglesia debe procurar actuar, y no como no debe procurar actuar.
Pero si muchos otros cristianos en toda la iglesia del primer siglo hicieron milagros en el poder del Espíritu Santo, el poder de hacer milagros no puede ser una señal que hace distinción entre los apóstoles y los demás cristianos.
NOTA: La evidencia de manuscritos y consideraciones de estilo sugieren que estos versículos no fueron parte original del Evangelio que Marcos escribió. (Vea la consideración de variantes textuales en las pp. 22Consta en varios manuscritos de Diatestaron de Taciano d.C.) Y lo citan Ireneo (m. d.C.) y Tertuliano (m. d.C.).
Estoy agradecido al profesor. Profesor Harold Hoehner del Dallas Theological Seminary por sugerirme los argumentos que presento aquí respecto a Ca y Mr (aunque él tal vez discrepe con mi conclusión en esta sección).
3. LA DEFINICIÓN RESTRICTIVA DE MILAGROS QUE DA NORMAN GEISLER.
Un intento más reciente de negar que los milagros ocurren hoy 10 ha hecho Norman Geisler.25 Geisler tiene una definición de milagro mucho más restrictiva que la que se presenta en este capítulo, y usa esa definición para argumentar en contra de la posibilidad de milagros contemporáneos. Geisler dice que «los milagros
(1) siempre tienen éxito,
(2) son inmediatos,
(3) no tienen recaídas, y;
(4) dan confirmación del mensajero de Dios» 
Halla respaldo para esta tesis principalmente en el ministerio de Jesús, pero cuando pasa más allá de la vida de Jesús e intenta mostrar que otros que tuvieron el poder de obrar milagros nunca tuvieron éxito, su tesis es mucho menos convincente. Con respecto al muchacho endemoniado a quien los discípulos no pudieron librar del demonio (Mt 17: 14-21), Geisler dice que fue que «los discípulos se olvidaron por el momento de ejercer fielmente el poder que Jesús ya les había dado»  
Pero éste argumento no persuade; Geisler dice que el poder de obrar milagros ya había tenido éxito, y cuando la Biblia habla de alguien que no tuvo éxito (y que contradice su tesis) simplemente dice que «se olvidaron». Jesús, sin embargo, da una razón diferente: «Porque ustedes tienen tan poca fe» (Mt 17: 20). La fe menor que tenían resultó en menor poder para obrar milagros.
Con respecto al hecho de que Pablo no pudo curar a Epafrodito (Flp 2: 27), Geisler se ve obligado a hacer la dudosa afirmación de que tal vez Pablo nunca intentó sanar a Epafrodito (aunque él había ido a verlo en la cárcel y se enfermó tan gravemente que casi se muere), o que Pablo no tenía ya el don de sanidad por el momento» Emplea la misma argumentación para explicar el hecho de que Pablo dejó a Trófimo enfermo en Mileto (2ª Ti 4: 20).
En estas instancias Geisler va más allá de la usual afirmación cesacionista de que los milagros terminaron con la muerte de los apóstoles; y aduce que los milagros cesaron en la vida del más grande apóstol antes de su primer encarcelamiento de Roma. Esto es simplemente un argumento nada convincente respecto al apóstol cuyo ministerio repetidamente se caracterizó por «poderosas señales y milagros, por el poder del Espíritu de Dios» (Ro 15: 19), y que pudo decir triunfalmente en su última epístola: «He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, me he mantenido en la fe» (2ª Ti 4: 7).
La descripción que da Geisler de los milagros la encaja en el caso del ciego sobre el cual Jesús puso las manos, porque al principio del hombre no veía claramente, sino que dijo que veía a los hombres y que «parecen árboles que caminan».
Después de que Jesús le puso las manos encima por segunda vez, el hombre «comenzó a ver todo con claridad» (Mr 8:24-25). Geisler responde que fue la intención de Jesús sanar en dos etapas, enseñar a los discípulos usando una lección objetiva en cuanto al crecimiento gradual en sus vidas espirituales.
Aunque el pasaje no dice nada a este efecto, puede haber sido verdad, pero incluso así eso niega la tesis de Geisler, porque si fue la intención de Jesús sanar en dos etapas entonces, hoy podría ser su intención sanar a las personas en dos etapas; o en tres, cuatro o más etapas. Una vez que Geisler reconoce que puede haber sido la intención de Dios hacer milagros en etapas, a fin de lograr sus propósitos, toda su afirmación de que los milagros deben ser inmediatos y completos se pierde.
En lugar de aceptar la definición de Geisler, parece ser mejor concluir que incluso los que tienen los dones de Dios con la capacidad de realizar milagros tal vez no puedan realizarlos cada vez que quieren, porque el Espíritu Santo continuamente está repartiéndolos a cada persona «según éllo determina» (1ª Co 12: 11; la palabra reparte en griego es un participio presente indica una actividad continua del Espíritu Santo).
NOTA: Geisler también tiene mucha dificultad para explicar Marcos 5: 8 (en donde Jesús les ordenó a los demonios más de una vez que salgan) y Marcos 6: 5 (en donde el pasaje dice que Jesús no pudo hacer ningún milagro en Nazaret debido a la incredulidad de los pobladores allí)
Es más, parece no haber razón para excluir (como evidentemente Geisler quiere hacerlo) las respuestas inusua1es o notorias a la oración de la categoría de «milagro», haciendo de este modo la definición extremadamente restrictiva. Si Dios responde a la oración persistente, por ejemplo, por una curación fisica para la cual no hay explicación médica conocida, y lo hace después de varios meses o años de oración, pero lo hace de tal manera que parece ser muy claro que es en respuesta a la oración para que las personas queden asombradas y glorifiquen a Dios, no parece haber razón para negar que ha ocurrido un milagro solo porque las oraciones anteriores no fueron contestadas de inmediato. Por último, Geisler no reconoce que varios pasajes del Nuevo Testamento indican que los dones espirituales, sean milagrosos o no milagrosos por naturaleza, pueden variar en fuerza o grados de intensidad.
4. HEBREOS 2: 3-4.
Otro pasaje que a veces se usa para respaldar la idea de que los milagros estuvieron limitados a los apóstoles y a sus asociados íntimos es Hebreos 2: 3-4. Allí el autor dice que la salvación «fue anunciada primeramente por el Señor, y los que la oyeron nos la confirmaron. A la vez, Dios ratificó su testimonio'· acerca de ella con señales, prodigios, diversos milagros y dones distribuidos por el Espíritu Santo según su voluntad».
Puesto que aquí se dice que los milagros llegaron por medio de los que oyeron de primera mano al Señor (los que la oyeron), se dice que no debemos esperar que sean realizados hoy por medio de otros que no fueron testigos oculares de la enseñanza y ministerio del Señor.
Pero este argumento también intenta extraer del pasaje más de lo que está allí.
Primero, la frase «los que la oyeron» (Heb 2: 3) ciertamente no está limitada a los apóstoles, porque muchos otros oyeron también a Jesús. Pero, más importante, esta posición aduce algo que el texto no dice: el hecho de que;
(1) El mensaje del evangelio fue confirmado por milagros cuando lo predicaron los que oyeron a Jesús no dice nada de;
(2) Si sería confirmado por milagros cuando lo predicaran otros que no oyeron a Jesús. Finalmente, este pasaje dice que el mensaje fue confirmado no sólo por «señales, prodigios, diversos milagros» sino también por «dones distribuidos por el Espíritu Santo».
Si alguien aduce que este pasaje limita los milagros a los apóstoles y sus compañeros, también debe aducir que los dones del Espíritu Santo de igual manera estuvieron limitados a la iglesia del primer siglo.
Pero pocos argumentarían que no hay dones del Espíritu hoy.
NOTA: La traducción KJV en inglés traduce: «Dios también les dio testimonio, con señales y prodigios» Esta traducción sugiere que los milagros dieron testimonio a los que oyeron a Jesús y predicaron al principio. Pero la palabra «a ellos» no aparece en el texto griego, y esta traducción no sigue ninguna de las versiones modernas.
Así Chantry, Signs ofthe Apostles, pp. 18-19: «Los milagros del Nuevo Testamento se ven en la misma Biblia como el sello de Dios de aprobación sobre los apóstoles, que fue un registro inspirado de las cosas que ellos habían visto y oído mientras estuvieron con Jesús. El recuerdo de estas maravillas debería profundizar nuestro respeto por la autoridad de sus palabras e impulsamos a darles atención más cuidadosa».
5. CONCLUSIÓN: ¿ESTUVIERON LOS MILAGROS RESTRINGIDOS A LOS APÓSTOLES?
Si el ministerio en el poder y gloria del Espíritu Santo es característica de la edad del nuevo pacto (2ª Co 3:1-4: 18), nuestra expectación debería ser precisamente lo opuesto: esperaríamos que la segunda, tercera y cuarta generación de cristianos que también conocen a Cristo y el poder de su resurrección (Flp 3: 10), que están siendo continuamente llenos del Espíritu Santo (Ef. 5: 17), que participan en una guerra que no es de este mundo, sino que se realiza con armas que tienen poder divino para destruir fortalezas (2ª Co 10: 3-4), a los que no se les ha dado un espíritu de timidez sino «de poder, de amor y de dominio propio» (2ª Ti 1: 7), que son fuertes en el Señor y en el poder de su fuerza, y que se han puesto toda la armadura de Dios a fin de poder resistir contra principados y potestades, y huestes espirituales de maldad en regiones celestiales (Ef 6:10-12), también tendrán la capacidad de ministrar el evangelio no sólo en verdad y amor sino también acompañados de demostraciones milagrosas del poder de Dios.
Es dificil ver, de las páginas del Nuevo Testamento, alguna razón por la que sólo la predicación de los apóstoles debe hacerse «no con palabras sabias y elocuentes sino con demostración del poder del Espíritu, para que la fe de ustedes no dependiera de la sabiduría humana sino del poder de Dios» (1ª Co 2: 4-5).
Aunque en efecto parece haber habido una concentración inusual de poder milagroso en el ministerio de los apóstoles, esto no es razón para pensar que habría pocos o ningún milagro después de la muerte de ellos. Más bien, los discípulos fueron los dirigentes en una iglesia del nuevo pacto cuya vida y mensaje se caracterizó por el poder del Espíritu Santo que obraba de maneras milagrosas.
Es más, ellos fijaron un patrón que la iglesia en toda su historia haría bien en tratar de imitar en su propia vida, por cuanto Dios el Espíritu se complace en hacer milagros para la edificación de la iglesia.
NOTA: 0tro argumento que limita los milagros al primer siglo se basa en la afirmación de que algunos milagros, tales como el don de profecía, siempre da nueva revelación de calidad bíblica. Ese argumento se considera en detalle en los capítulos 52-53,
8in embargo, los cristianos deben usar mucha cautela y extremo cuidado para informar con precisión los milagros sí ocurren. Mucho daño se puede hacer al evangelio si los cristianos exageran o distorsionan, aunque sea en pequeños detalles, los hechos de una situación en donde ha ocurrido un milagro. El poder del Espíritu Santo es grande lo suficiente para obrar como él quiera, y nunca debemos «embellecen, los hechos reales de la situación simplemente para hacer que suene incluso más emocionante de lo que en realidad fue. Dios hace exactamente lo que le complace hacer en cada situación.

E. MILAGROS FALSOS

Los magos del faraón pudieron hacer algunos milagros falsos (Éx 7:11, 22; 8:7), aunque pronto tuvieron que reconocer que el poder de Dios era mayor (Éx 8: 19).
El mago Simón de la ciudad de Samaria asombraba a la gente con sus artes mágicas (Hch 8: 9-11), aunque los milagros que hizo Felipe fueron mucho mayores (HH. 8: 13). En Filipos Pablo halló a una esclava «que tenía un espíritu de adivinación.
Con sus poderes ganaba mucho dinero para sus amos» (Hch 16: 16), pero Pablo reprendió al espíritu y salió de ella (Hch 16: 18). Es más, Pablo dice que cuando el hombre de pecado venga vendrá «con toda clase de milagros, señales y prodigios falsos. Con toda perversidad engañará a los que se pierden» (2ª Ts 2: 9-10), pero los que los sigan si son engañados lo hacen «por haberse negado a amar la verdad y así ser salvos» (2ª Ts 2: 1O).
Esto indica que los que van a hacer milagros falsos al fin de los tiempos por el poder de Satanás no dirán la verdad sino que predicarán un evangelio falso. Finalmente, Apocalipsis 13 indica que una segunda bestia surgirá «de la tierra», que tiene «toda la autoridad de la primera bestia» y hará «grandes señales milagrosas, incluso la de hacer caer fuego del cielo a la tierra, a la vista de todos.
Con estas señales que se le permitió hacer en presencia de la primera bestia, engañó a los habitantes de la tierra» (Ap 13: 11-14). Pero de nuevo, un falso evangelio acompaña estos milagros; este poder se ejerce en conexión con la primera bestia a la que «se le permitió hablar con arrogancia y proferir blasfemias.
Abrió la boca para blasfemar contra Dios, para maldecir su nombre y su morada ya los que viven en el cielo» (Ap 13:5-6).
Dos conclusiones son claras de este breve estudio de los milagros falsos en la Biblia:
(1) El poder de Dios es mayor que el poder de Satanás para hacer señales milagrosas, y el pueblo de Dios triunfa en las confrontaciones de poder con los que obran el mal. En conexión con esto, Juan asegura a los creyentes que «el que está en ustedes es más poderoso que el que está en el mundo» (1ª Jn 4: 4).
(2) La identidad de los que obran milagros falsos siempre se conoce porque niegan el evangelio. No hay ninguna indicación en ninguna parte de la Biblia de que los cristianos genuinos con el Espíritu Santo en ellos harán falsos milagros.
De hecho, en una ciudad llena de idolatría y adoración a demonios (vea 1ª Co 10:20), Pablo pudo decir a los creyentes de Corinto, muchos de los cuales habían salido de esa clase de trasfondo pagano, que «nadie que esté hablando por el Espíritu de Dios puede maldecir a Jesús; ni nadie puede decir: 'Jesús es el Señor" sino por el Espíritu Santo» (1ª Co 12: 3).
Aquí les da la seguridad de que los que hacen una profesión genuina de fe en Jesús como Señor en efecto tienen en ellos el Espíritu Santo. Es significativo que de inmediato pasa a considerar los dones espirituales que posee «todo» verdadero creyente (1ª Co 12: 7).
Esto debe reaseguramos de que si vemos milagros que realizan los que hacen una profesión genuina de fe (1ª Co 12: 3), que creen en la encamación y deidad de Cristo (1ª Jn 4:2), y que muestran en sus vidas el fruto del Espíritu Santo y dan fruto en su ministerio (Mt 7: 20; Jn 15: 5; Gá 5: 22-23), no debemos sospechar que son falsos milagros, sino que debemos agradecer a Dios porque el Espíritu Santo está actuando, incluso en los que tal vez no tienen exactamente las mismas convicciones que nosotros en todo punto de doctrina. Ciertamente, si Dios esperara para hacer milagros sólo por medio de los que fueran perfectos tanto en doctrina como en conducta de vida, no se realizaría ningún milagro hasta que Cristo vuelva.
NOTA: Alguien pudiera objetar que la excepción a esto sería la visión del fin de los tiempos en Ap 13: 7, en donde a la bestia «se le permitió hacer la guerra a los santos y vencerlos» (Ap 13:7). Pero incluso aquí no hay indicación de que los poderes milagrosos de la bestia sean más grandes que el poder del Espíritu Santo.
Esto parece entenderse mejor no como confrontación de poder milagroso sino simplemente como una persecución de parte de una fuerza militar, porque leemos más adelante que «las almas de los que habían sido decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios. No habían adorado a la bestia ni a su imagen, ni se habían dejado poner su marca en la frente ni en la mano» (Ap 20:4).
El hecho de que los que invocan el nombre de Cristo puedan profetizar y echar fuera demonios y hacer «muchos milagros» en su nombre (Mt 7: 21-23) no contradice esto, porque éstos o no cristianos; Jesús les dice: Jamás los conocí. ¡Aléjense de mi, hacedores de maldad!» (Mt 7:23). Aunque es posible que estos son falsos milagros obrados por el poder demoniaco, parece ser más probable que son operaciones de la gracia común (vea capitulo 31) que Dios obró por medía de no cristianos, similar a la eficacia del evangelio que Dios a veces permite cuando lo predican los que tienen motivos impuros y no conocen a Cristo de corazón (Fil: 15-18).

F. ¿DEBEN LOS CRISTIANOS BUSCAR MILAGROS HOY?

Es una cosa decir que los milagros pueden ocurrir hoy. Es otra muy diferente pedir milagros a Dios. ¿Está bien, entonces, que los cristianos le pidan a Dios que haga milagros?
La respuesta depende del propósito con que se busca milagros. Ciertamente está mal buscar poder milagroso para promover el poder o la fama de uno, como lo buscó Simón el mago; Pedro le dijo: «No eres íntegro delante de Dios. Por eso, arrepiéntete de tu maldad y ruega al Señor. Tal vez te perdone el haber tenido esa mala intención» (Hch 8: 21-22).
También está mal buscar milagros simplemente para diversión, como Herodes los buscó: «Al ver a Jesús, Herodes se puso muy contento; hada tiempo que quería verlo por lo que oía acerca de él, y esperaba presenciar algún milagro que hiciera Jesús» (Lc 23:8). Pero Jesús ni siquiera respondió a las preguntas de Herodes.
También es malo que los incrédulos escépticos corran tras los milagros solo para hallar base para criticar a los que predican el evangelio:
Los fariseos y los saduceos se acercaron a Jesús y, para ponerlo a prueba, le pidieron que les mostrara una señal del cielo. Él les contestó: Esta generación malvada y adúltera busca una señal milagrosa, pero no se le dará más señal que la de Jonás» (Mt 16:1-4).
Este regaño en contra de buscar señales se repite en otras partes en los Evangelios, pero es importante notar que los reproches contra los que buscan señales siempre se dirigen contra incrédulos hostiles van tras los milagro sólo para criticar a jesús.34 Jesús nunca reprende a nadie que viene en fe, o en necesidad, buscando cura, liberación o algún otro tipo de milagro, sea para sí mismo o para otros.
¿Qué diremos, entonces, en cuanto a 1ª Corintios 1: 22-24, donde Pablo dice: «Los judíos piden señales milagrosas y los gentiles buscan sabiduría, mientras que nosotros predicamos a Cristo crucificado.
NOTA: El hecho de que Jesús sólo reprende a los no creyentes hostiles que buscan milagros sorprendentemente nunca lo menciona D. A. Carson, «The Purpose of Signs and Wonders in the New Testamento, en M. Horton, ed., Power Religion, pp. 89-118, o James M. Boice, «A Better Way: The Power of Word and Spirít», en Power Religion, pp. 119-36.
Ambos artículos usan la reprensión de Jesús como medio de desalentar a los creyentes en cuanto a buscar milagros hoy, pero para hacer esto deben aplicar la afirmación de Jesús de una manera que no justifica el contexto del Nuevo Testamento. (Vea esp. Boice, p. 126, que cita con aprobación una afirmación de John Wood house, «A desire for further signs and wonders is sinful and unbelieving)
La afirmación explicita de la intención de «probarle» también se halla en Mc 8: 11 y Lc 11: 16, contextos paralelos en donde Jesús reprende a una generación perversa por buscar de él una señal. El único otro contexto en donde aparece una reprensión, Mt 12: 38-42, no incluye una afirmación explícita de intención de probarle, pero Jesús claramente está respondiendo a los «escribas y fariseos» (v. 38), y el incidente viene después de Mt 12: 14, en donde los fariseos «salieron y tramaban cómo matar a Jesús» y Mt 12: 24, en donde los fariseos dicen: «Éste no expulsa a los demonios sino por medía de Beelzebú, príncipe de los demonios»,
Este mensaje es motivo de tropiezo para los judíos, y es locura para los gentiles, pero para los que Dios ha llamado, lo mismo judíos que gentiles, Cristo es el poder de Dios y la sabiduría de Dios»? ¿Quiere decir Pablo que él no hizo milagros (señales) en Corinto, y tal vez tampoco en su obra evangelizadora en general?
Aquí Pablo no puede estar negando que realizó milagros en conexión con la proclamación del evangelio. De hecho, en Romanos 15:18-19, pasaje que escribió mientras estaba en Corinto dijo:
No Me Atreveré A Hablar De Nada Sino De Lo Que Cristo Ha Hecho Por Medio De Mí Para Que Los Gentiles Lleguen A Obedecer A Dios. Lo Ha Hecho Con Palabras Y Obras, Mediante Poderosas Señales Y Milagros, Por El Poder Del Espíritu De Dios. Así Que, Habiendo Comenzado En Jerusalén, He Completado La Proclamación Del Evangelio De Cristo Por Todas Partes, Hasta La Región De Iliria.
Y  2ª Corintios 12: 12 afirma claramente que Pablo en efecto hizo «señales, prodigios y milagros» entre ellos.
Así que 1ª Corintios 1: 22-24 no puede querer decir que Pablo estaba negando la validez de la sabiduría ni la validez de las señales, porque por medio de Cristo él hizo señales y enseñó sabiduría. Más bien, aquí está diciendo que las señales y la sabiduría en sí mismas no salvan a nadie, pero el evangelio sí salva a las personas.
Las señales y la sabiduría que judíos y griegos buscaban no eran las señales y sabiduría de Cristo, sino simplemente señales para entretener o atizar su hostilidad y escepticismo, y sabiduría que era sabiduría del mundo antes que sabiduría de Dios.
No hay nada inapropiado en buscar milagros con los propósitos apropiados para los cuales los da Dios: para confirmar la veracidad del mensaje del evangelio, para ayudar a los necesitados, para eliminar estorbos en los ministerios de las personas y para dar gloria a Dios (vea la Sección C). En los Evangelios muchos fueron a Jesús buscando milagros, y él lo sanó con estos propósitos.
Es más, cuando envió a sus discípulos a predicar que el reino de los cielos se había acercado, les dijo: «Sanen a los enfermos, resuciten a los muertos, limpien de su enfermedad a los que tienen lepra, expulsen a los demonios» (Mt 10: 7-8). ¿Cómo podían ellos hacer esto sin buscar a Dios para hacer milagros dondequiera que iban? El mandamiento de Jesús requería que procuraran que sucedieran milagros.
Después de Pentecostés, la iglesia primitiva oró por intrepidez para predicar el evangelio y pidió que Dios les concediera milagros que acompañaran a su predicación.
Clamaron a Dios:
Ahora, Señor, Toma En Cuenta Sus Amenazas Y Concede A Tus Siervos El Proclamar Tu Palabra Sin Temor Alguno. Por Eso, Extiende Tu Mano Para Sanar Y Hacer Señales Y Prodigios Mediante El Nombre De Tu Santo Siervo Jesús (Hch 4: 29-30).
Lejos de enseñar que no debemos pedirle a Dios milagros, este ejemplo de la iglesia primitiva como que nos estimula a pedirlos. De modo similar, los discípulos de Lida enviaron a buscar a Pedro para que fuera a orar por Tabita después de que esta murió, con lo que buscaban una intervención milagrosa de Dios (Hch 9: 38).
Y Santiago dirige a los ancianos de la iglesia a orar y buscar la curación de los enfermos (Stg 5: 14). Por supuesto, no debemos dar por sentado que una respuesta obviamente milagrosa a la oración es mejor que la que resulta por medios ordinarios (tal como ayuda médica en una enfermedad), y también debemos darnos cuenta de que pedirle a Dios por una necesidad en particular no garantiza que la oración recibirá respuesta. Por otro lado, nuestra fe en que Dios obra de manera poderosa e incluso milagrosa puede ser demasiado pequeña.
Debemos precavemos para no dejarnos infectar por una cosmovisión secular que da por sentado que Dios responde a la oración sólo muy rara vez, si acaso. Y por cierto no debemos avergonzarnos de hablar de los milagros si ocurren, ¡ni pensar que una respuesta a la oración que no es milagrosa es mejor! Los milagros son obra de Dios, y él los realiza para glorificarse y fortalecer nuestra fe.
Cuando encontramos necesidades serias en la vida de las personas hoy, está bien que busquemos en Dios una respuesta, y cuando una intervención milagrosa parezca necesaria, debemos pedirle a Dios que si es su voluntad obre de esa manera." Esto parece ser especialmente apropiado cuando nuestra motivación es una compasión como la de Cristo por los necesitados y un ardiente deseo de ver el avance del reino de Cristo y que su nombre sea glorificado.
NOTA: John Walvoord, anteriormente presidente del Dalias Theological Seminary, entiende que el don de milagros es «el poder de realizar milagros a voluntad en el nombre de Cristo". Por consiguiente, sostiene que el don de milagros ha cesado. Pero con todo aduce que podemos orar por milagros hoy: «El cristiano todavía puede apelar a Dios para que haga maravillas, y Dios en efecto respecto de la oración. Dios todavía puede sanar e incluso revivificar a los muertos, si así lo desea, pero estos milagros son sobera.nos e individuales. En tanto que, por consiguiente, el don de milagros no es parte del programa presente de Dios, hay que afirmar el poder de Dios para realizar milagros» (The Holy Spirit [Van Kampen, Wheaton, m., 1954],
PREGUNTAS PARA APLICACIÓN PERSONAL
1. Cuando usted abrazó la fe en Cristo, ¿ejercieron los relatos de milagros en la Biblia alguna influencia (negativa o positiva) en su creencia en el mensaje de la Biblia?
2. Antes de leer este capítulo, ¿había pensado usted de la iglesia de tiempos del Nuevo Testamento que era una iglesia Con milagros frecuentes? ¿Ha pensado usted de la iglesia contemporánea que es una iglesia con milagros frecuentes? Después de leer este capítulo, ¿de qué manera ha cambiado su posición, si es que ha cambiado?
3. Si usted piensa que los milagros deben ser la característica de la iglesia hasta que Cristo vuelva, entonces ¿por qué no hemos visto muchos milagros en muchos puntos en la historia de la iglesia, y por qué no vemos muchos milagros en grandes secciones de la iglesia cristiana hoy?
4. Si usted sostiene una posición «cesacionista», ¿qué clases de respuestas poco comunes a la oración pensaría usted que todavía son posibles hoy? (Por ejemplo, oración por salud fisica, liberación de peligro, victoria sobre ataques demoníacos mediante la oración y reprensión verbal de un espíritu malo, o comprensión súbita e inusual de un pasaje de la Biblia, o de las circunstancias de la vida de alguien.) ¿Cómo haría distinción entre estas cosas que tal vez podría pensar hoy y los «milagros» según la definición que se da en este capítulo? (Tal vez usted quiera también argumentar por una definición diferente de «milagro».)
5. ¿Tienen los milagros que ser grandes y «destacados» (tal como resucitar a los muertos o sanar a un ciego de nacimiento) para lograr propósitos útiles en la iglesia hoy? ¿Qué clase de milagros «en pequeña escala» también pudieran alcanzar algunos de los propósitos de los milagros que se mencionan en este capítulo? ¿Ha sabido usted de alguna respuesta a la oración en su propia iglesia (o en su propia vida) que usted caracterizaría como «milagrosa» según la definición que da al principio de este capítulo?
6. ¿Le gustaría ver más poder milagroso del Espíritu Santo (o más respuestas inusuales a la oración) en su propia iglesia hoy, o no? Si ocurrieran más milagros, ¿cuáles pudieran ser los peligros? ¿Cuáles pudieran ser los beneficios?
TÉRMINOS ESPECIALES
Cesacionista, ley natural, marcas de un verdadero apóstol, milagro, obra poderosa, prodigio, señal
PASAJE BÍBLICO PARA MEMORIZAR

Hebreos 2: 3-4: ¿Cómo Escaparemos Nosotros Si Descuidamos Una Salvación Tan Grande Esta Salvación Fue Anunciada Primeramente Por El Señor, Y Los Que La Oyeron Nos La Confirmaron. A La Vez, Dios Ratificó Su Testimonio Acerca De Ella Con Señales, Prodigios, Diversos Milagros Y Dones Distribuidos Por El Espíritu Santo Según Su Voluntad.